André Kientz, que está al frente de la finca desde 1985, se esfuerza por preservar el saber hacer artesanal de la empresa. Favorece la cosecha manual para respetar el fruto de Baco (buenas condiciones sanitarias, selección de las uvas) y utiliza la viticultura sostenible (limitación de los tratamientos químicos). Esta estructura familiar contribuye a facilitar la preservación de las tradiciones vinícolas locales y, por lo tanto, a producir vinos blancos típicos de la región, que regularmente reciben numerosas medallas de oro en el concurso de vinos de Alsacia en Colmar.
André tiene bien cubiertas las espaldas, su hija Emeline ya despunta con su primer vino, La P´tit Vigne d´Emeline, un riesling que solo se produce en las mejores añadas, procedente de apenas 1ha. que sin duda ocupa plaza de podium entre las mejores relaciones calidad precio del mercado. Así como su Riesling Grand Cru Winzenberg y toda su paleta de varietales con cuna en Alsacia. Es por algo que Kientz nos acompaña ya con éxito desde hace más de una década.